La Indiferencia
martes, 9 de junio de 2026
La indiferencia procede de la disipación y de la soberbia. La frialdad y la tibieza forman su atmósfera. Llega la indiferencia a helar a tal grado el corazón, que nada es capaz de volverlo a la vida de la gracia. Una alma pecadora tiene remedio; una indiferente, no lo tiene. La indiferencia es la reina de los vicios y lleva a alma a la impenitencia final, y de esta al infierno.
Las almas pecadoras y aún obstinadas llegan a convertirse con un golpe de la gracia; pero las indiferentes llevan en su seno la sordera total, esa fatal insensibilidad para todo lo divino, que le cierra por completo las puertas del arrepentimiento y de la gracia.
Satanás va conduciendo de la mano a esas desgraciadas almas hasta hacerlas tocar la cumbre maldita de la indiferencia. A ella por la soberbia, lujuria e impureza con más prontitud que por otros vicios; pues éstos principalmente hielan las almas y las sumergen en esa emponzoñada fuente de la indiferencia.
La indiferencia mata los sentimientos santos en el alma, le quita la vida de la gracia y la hunde en una atmósfera tan especial cuanto venenosa de la cual jamás la deja salir.
La Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús nos enseña a no ser indiferentes.
Lic. Andrés de la Rosa Sánchez
CONSAGRADO AL CORAZÓN DE JESÚS